Pedagogía

Francesc Torralba o la “pasión por educar”

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He tenido la suerte de asistir a la sesión formativa organizada por la Fundación Victoria que ha tenido lugar hoy (23 de enero) en el auditorio Edgar Neville, de Málaga, con Francesc Torralba como protagonista. En poco más de 90 minutos, ha desgranado lo que debe constituir el eje vertebrador de la Educación: la pasión del docente por ejercer su labor, por educar. La verdad es que me he pasado el tiempo tomando notas y apuntando algunas de sus impactantes frases. Así que, en lugar de hacer un resumen de la ponencia, comparto contigo algunas de esas frases. Espero que refresquen tu vocación y fortalezcan tu pasión por seguir educando como lo han hecho conmigo.

  • Al educador no lo definen los títulos sino la capacidad y la voluntad de educar.
  • La voluntad suele existir en un primer momento, pero si mengua el educando lo percibe.
  • Razones para el desencanto hay muchas. Busquemos los motivos para mantener viva la voluntad: tener claro el fin de mi acción, y que ese fin es bueno, es deseable.
  • El fin principal de mi acción docente debe ser ayudar a construir personas.
  • Cuando un educador transmite valores, está transformando el mundo.
  • La capacidad se adquiere fundamentalmente gracias a la experiencia.
  • Los depósitos de experiencia compartida son un estupendo recurso para los que aún no la tienen.
  • No somos escultores delante de una pieza de mármol estático: el educando es un sujeto activo, no pasivo.
  • Tenemos que empezar a hacer preguntas cuya respuesta no esté en Google.
  • Si el contexto cambia, el educando cambia y no cambia el educador, sobreviene el naufragio.
  • Lo esencial en la acción educativa es el encuentro.
  • Si no hay encuentro, sin intersección entre las burbujas del educador y el alumno, no hay acto educativo.
  • Lo que queda de ti es lo que das, y muchas veces lo das fuera del aula.
  • Si un educador solo tiene conocimientos, es una biblioteca.
  • Quién está plenamente presente en lo que hace, vive dos veces.

educador

Infografía: Los 5 elementos básicos del Aprendizaje Cooperativo

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Para celebrar las primeras 1000 visitas al blog, te dejo hoy una infografía (la primera que he hecho) sobre los 5 elementos básicos del Aprendizaje Cooperativo, aunque prometo dedicar un artículo más adelante a este asunto, con sugerencias para trabajar cada uno de ellos. El contenido es un mini resumen de lo que puede leerse sobre este apartado en el libro “El aprendizaje cooperativo en el aula“, del que hablé hace poco en un post anterior.

Pincha sobre la imagen para verla a tamaño completo ¡Espero que te sirva!

Cooperativo

¿Soy un profesor justo? Justicia social y docencia

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La pasada semana tuve ocasión de leer un artículo realmente apasionante, escrito por Miguel Stuardo: “¿Soy un profesor justo? ¿Soy una profesora justa? Algunas preguntas para la autoevaluación de la práctica docente desde la justicia social”. En él, Miguel enlaza la idea de justicia social con nuestra práctica pedagógica, analizando el impacto que dicha práctica puede tener en la comunidad donde trabajamos. Confieso que es un tema que me interesa desde hace tiempo, tal vez desde otro enfoque: ¿cómo evaluar sin que nuestra subjetividad influya en la calificación que damos a nuestros alumnos? La necesidad de cambiar de instrumentos y estrategias e, incluso, de la concepción habitual de la evaluación se me antoja incuestionable.Cloud 1-1

Pero dejemos esa cara del prisma a un lado y volvamos al tema que nos ocupa: ¿es posible ser un profesor justo? ¿Soy yo realmente un profesor justo?. Miguel nos plantea tres dimensiones desde las que analizarnos desde el punto de vista de la justicia social:

  • La distribución
  • El reconocimiento
  • La participación

De este modo surgen varios bloques de interrogantes que, a buen seguro, nos harán reflexionar. Los reproduzco a continuación:

a). ¿Soy justo/justa distribuyendo?

1. ¿La forma en que distribuyo la atención y el tiempo que dedico a los estudiantes es justa? ¿Dedico más tiempo a los que tienen más méritos (calificaciones más altas, por ejemplo)?¿Dedico más tiempo a quienes necesitan más ayuda? ¿Qué consecuencias provoco con esta decisión en los estudiantes con más méritos y lo que tienen menos méritos? ¿Cómo es mi relación con los estudiantes que han fracasado? ¿Cómo es mi relación con los estudiantes que tienen más meritos?

b). ¿Soy justo/justa en el reconocimiento?

2. ¿Reconozco como legítimas las identidades de todos mis estudiantes? ¿Hay estudiantes cuyas identidades no considero legítimas? ¿Mis opiniones sobre su identidad o rasgos de su identidad afectan mi desempeño hacia ellos y mi relación con ellos? ¿Considero que existen culturas superiores a otras? ¿Cómo afecta mi opinión mi relación con los estudiantes que pertenecen a culturas minoritarias?

c). ¿Soy justo/justa en participación?

3. ¿Quién ejerce la toma de decisiones acerca de los contenidos, el curriculum, las metodologías, la evaluación, los exámenes, las calificaciones? ¿Por qué? ¿Considero importante la participación de los estudiantes en la toma de decisiones que les afectan? ¿Cómo afecta la participación o la falta de participación el desarrollo y el aprendizaje de mis estudiantes? ¿Cómo afecta el sistema de participación actual las relaciones en el aula?

Las implicaciones que se derivan de las posibles respuestas son múltiples y muy variadas, casi infinitas. Lo importante, para mí, no es sólo reflexionar sobre nuestra praxis docente, sino también articular un modo de construir, desde esa praxis, un mundo más justo a nuestro alrededor. Parafraseando un conocido dicho, la suma de pequeños esfuerzos realizados por muchas personas produce grandes resultados.

Recomiendo la lectura del post completo aquí.

12 Ideas clave sobre Aprendizaje Cooperativo

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Me gusta aprovechar el tiempo de vacaciones para reflexionar sobre mi ser y mi saber hacer como docente, algo que, durante el curso, no puedo hacer con la asiduidad que desearía. Es por eso que acabo de terminar de releer “El aprendizaje cooperativo en el aula“, un libro imprescindible para todos los interesados en esta estrategia metodológica. Y digo releer porque, a pesar de su corta extensión, he tenido que leerlo dos veces para sacarle toda su esencia. Lo que me ha parecido realmente interesante es que, además de fundamentar el aprendizaje cooperativo y de aportar ideas muy sugestivas, la posibilidad de aplicar sus principios en el aula es absolutamente real. De hecho, ese es el objetivo principal de la obra (de ahí el título). Y eso es algo que descubrirás tú mismo si te decides a leerla. No obstante, he entresacado 12 ideas que, para mí, son clave en este tema y que pueden servirte si aún dudas sobre si implantarlo o no en tu aula. Ahí van:

  1. Aprender es algo que los alumnos hacen, y no algo que se les hace a ellos. Requiere la participación directa y activa de los estudiantes.
  2. El aprendizaje cooperativo es el empleo didáctico de grupos reducidos con el fin de que los alumnos trabajen juntos para optimizar su propio aprendizaje y el de los demás.
  3. El buen trabajo en equipo es el resultado de integrar las capacidades de cada miembro del grupo para realizar tareas que ningún miembro puede realizar por sí solo.
  4. Cualquier tarea didáctica, de cualquier materia y dentro de cualquier programa de estudios, puede organizarse de forma cooperativa.
  5. Agrupar a varias personas en la misma habitación y decir que eso es un grupo cooperativo no basta para que lo sea.
  6. No hay una única disposición del aula que satisfaga los requisitos de todos los objetivos y actividades de enseñanza, por lo que el docente deberá disponerla en forma flexible.
  7. Asignar roles a los alumnos es una de las maneras más eficaces de asegurarse de que los miembros del grupo trabajen juntos, sin tropiezos y en forma productiva.
  8. No nacemos sabiendo cómo interactuar correctamente con los demás; por tanto, el docente debe enseñar a los alumnos las destrezas o prácticas sociales requeridas para colaborar unos con otros y motivarlos para que las empleen.
  9. Hay que concentrarse en evaluar y perfeccionar los procesos de aprendizaje, en lugar de centrarse en los resultados.
  10. La observación sistemática de los grupos de aprendizaje cooperativo brinda al docente una “ventana abierta” a las mentes de los alumnos, proporcionándole más información sobre lo que saben y entienden los alumnos que las respuestas que dan en los exámenes o en las tareas “para casa”.
  11. El docente es el que guía la enseñanza en el aula y el responsable de crear las condiciones que hagan posible un óptimo aprendizaje.
  12. Implementar el aprendizaje cooperativo en el aula exige esfuerzo y disciplina. No es fácil. Pero vale la pena.

Yo me quedo con esta última. ¿Y tú? Para terminar, una imagen que resume todo lo anterior… O eso creo.

Castellers

De ruta por la innovación pedagógica… ¿Me acompañas?

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Torrecilla

¿Tienes a mano una mochila, calzado cómodo y ganas de disfrutar? Pues acompáñame: vamos a hacer una ruta por el sendero de la Innovación Pedagógica.

Antes de iniciar la ruta necesitaremos prepararla adecuadamente: algún plano topográfico de la zona, ropa y cazado adecuados, un tentempié ligero y, por supuesto, agua. Planificaremos el recorrido, teniendo en cuenta los desniveles a superar, la distancia a recorrer y el tiempo a emplear. Y ya sólo nos queda encasquetarnos la gorra, ponernos un poco de crema solar y… ¡hala, a andar!

Pues a la hora de innovar, de cambiar una metodología tradicional y alejada del interés de tus alumnos, deberás hacer exactamente lo mismo: reflexionar acerca del camino a recorrer, apoyarte en los mapas de aquellos que ya lo han transitado, prever los obstáculos que pueden surgir durante el mismo, llenar nuestra mochila de herramientas mediante la formación y los entornos personales de aprendizaje, y ponerte las gafas para ver las cosas desde un nuevo punto de vista.

Luego llega el momento de caminar. Empiezas la senda con entusiasmo, inundando tus retinas de un paisaje nuevo y llenando tus pulmones de aire limpio. Empiezas a pensar que ha sido una maravillosa idea eso de emprender la marcha. Como en tus clases: el uso de metodologías activas, la puesta en práctica del aprendizaje cooperativo, la realización de proyectos de aprendizaje basados en las Inteligencias Múltiples y los siempre espectaculares PBLs cobran forma de manera mágica, y tus alumnos se muestran motivados, se implican, aprenden…

Pero la pendiente se va haciendo más dura, más empinada. La senda, además, se vuelve difícil: hay barro, empiezas a sudar, y la barrita energética que te has tomado no parece que vaya a reponer las fuerzas que pierdes rápidamente. Así es, lo que al principio parecía estupendo, ya no lo parece tanto: te das cuenta de lo que cuesta cambiar las rutinas; aparecen obstáculos en los que no habías pensado, como la aceptación de las familias o los primeros resultados académicos; hay alumnos que aprovechan el cooperativo para “escaquearse” del trabajo individual; la clase parece una jaula de grillos; las familias te recriminan que no terminarás “el libro” (de currículo no entienden) a tiempo; incluso puede que también el equipo directivo te llame al orden (¿qué pasa en tus clases? ¡vaya desmadre!). Y no falta el compañero que te reconviene con el archiconocido “ya te lo decía yo…”

Volvemos al mapa, ¿seguro que estoy en el camino correcto? Es posible que te hayas desviado más de la cuenta, o que no hayas tenido en cuenta todas las observaciones de aquellos que ya lo recorrieron antes. O simplemente, que tu realidad sea distinta; es decir, que tu senda transcurra por otros montes, con otra orografía. Llega la hora de volver a examinar el terreno, de evaluarlo con ojos críticos. Tal vez quieras ver algún animal salvaje, o te canse pisar siempre las mismas piedras. No queda más remedio que salirse un poco de la ruta, subir a ese picacho cercano y tomar algo de perspectiva. Para ver cosas diferentes, tendrás que hacer cosas diferentes. Y entonces, ocurre el milagro: ¡empiezas a dibujar tu propio mapa! No partes desde cero, sino que ya había mapas que podían guiarte, pero corriges el desnivel, marcas nuevos hitos, dibujas nuevas sendas que conectan con la principal, empiezas a ver lo que estaba más allá de los árboles que bordean el camino: una cabra montés, un zorro, un rincón mágicamente bello…

En tus clases, empiezas a aplicar la metodología que se adapta a tus alumnos, a tu contexto. Evalúas aprendizajes y desempeños, pero no etiquetas a nadie, sino que ayudas a mejorar. Y empiezas a ver resultados que no esperabas, o que no habías vislumbrado hasta ahora. Lo que más te asombra es, quizá, la respuesta de aquellos alumnos por los que nadie había apostado antes y los que presentan necesidades educativas especiales.

A estas alturas, y a pesar de la pendiente, del esfuerzo, ya estás gozando plenamente el paseo. Y cuando te parece que ya estás preparado para todo, de repente, llegas a la cima. ¡Precioso paisaje! ¡Qué maravilla haber llegado hasta aquí! Los alumnos ahora sí están motivados, tu relación con ellos se construye no desde el autoritarismo, sino desde el acompañamiento; compruebas que están aprendiendo mucho mejor y más rápido de lo que lo hacían antes; disfrutas con tu trabajo plenamente. Pero…

¿Ya está? No, ahora te das cuenta que el sendero sigue más allá de lo que parecía ser el final. Has llegado a una cima, pero te queda toda una cordillera por recorrer, toda una colección de paisajes distintos por descubrir. Y es que la innovación deja de serlo cuando te paras. Si te comprometes a buscar siempre lo mejor para tus alumnos, no podrás parar de caminar, de descubrir, de inventar. Porque tus alumnos cambian todos los años, y lo que hoy te ha funcionado, mañana ya no te servirá. Tendrás que seguir formándote, adaptando tus metodologías, autoevaluándote, mejorando tu desempeño…

Al final caes en la cuenta que lo interesante es el camino, la ruta, el disfrutar del paisaje cambiante, y no la llegada. Como un montañero que revisa sus botas, busca nuevos mapas, encuentra nuevos compañeros de ruta, carga su cantimplora con agua fresca y marcha en busca de otras cimas que conquistar.

Bienvenido a la senda de la Innovación Pedagógica. ¡Disfruta el camino!

3, 2, 1… ¡Acción!

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Primero de septiembre. Los docentes volvemos al trabajo tras unas merecidas vacaciones (aunque haya quien no lo crea así). Es la hora del reencuentro con los compañeros, de volver a las aulas… En fin, no voy a repetir aquí una serie de manidos tópicos que todos conocemos. Sin embargo, sí creo que es también un momento crucial: el de decidir qué tipo de docente quiero ser. Seguro que todos nosotros queremos ser buenos maestros, estupendos profesores. De hecho, lo somos ¿A que sí? Pero el trabajo de planificación que llevemos a cabo estos días será en realidad el que marque nuestro devenir, y el de nuestros alumnos, durante el curso que ahora empieza.

Es el momento de tomar algunas decisiones al respecto: ¿Optar por una organización en grupos cooperativos o mejor colocarlos de forma individual, para que charlen menos? ¿Colaborar con otros compañeros para llevar a cabo proyectos interdisciplinares, o mejor centrarme en mi materia, que no es poco? ¿Poner el foco en el aprendizaje del alumno, o en la transmisión de los contenidos necesarios para que, en un futuro, puedan superar las distintas etapas del sistema educativo? ¿Nuevas tecnologías o el libro de siempre, que nunca falla? No perdamos de vista que la respuesta a cada una de estas preguntas lleva aparejada una serie de consecuencias muy diferentes.

Todas estas y otras muchas disyuntivas serán las que conformen el guión de la película que se estrene en nuestras aulas en 10 o 15 días. Podrá ser un filme de trepidante acción, una comedia negra o un drama de pañuelo y tratamiento psicológico. Pero lo importante ES QUE LO DECIDO YO. El contexto en el que me desenvuelvo, mi centro, mis compañeros, los alumnos, el barrio, etc., todo influye, naturalmente. Pero el guionista de mi película soy yo. Y protagonistas… bueno, ya tengo unos pocos esperando empezar el rodaje. La cuestión es: ¿será mi guión lo suficientemente interesante como para seducirles?

An_Education

PD: Por cierto, si no la habéis visto recomiendo la película del póster.

La urgencia del CAMBIO

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Aunque nos parezca increíble, se sabe que durante el Neolítico nuestros ancestros ya practicaban la trepanación craneal: realizaban una incisión en el cráneo de un desventurado paciente, hasta que conseguían separar un fragmento de hueso para llegar al interior de la cavidad craneana. Y lo que resulta aún más asombroso: algunos de los pacientes sometidos a una cirugía tan delicada con instrumental muy rudimentario… ¡sobrevivían! Sin embargo, a nadie hoy se le ocurriría pedir que se le operase del mismo modo: sin anestesia, sin unas condiciones higiénicas mínimas y sin los conocimientos técnicos necesarios para resolver cualquier complicación. Traslademos esto mismo al campo de la educación. ¿Quién puede estar a favor de que se siga educando como hace décadas, siglos, en la actual sociedad del conocimiento? Yo no, y voy a dar algunas razones por las que creo en la urgente necesidad de un cambio profundo en la Educación:

  • Los avances en neurología, psicología y sociología, las nuevas tecnologías, las distintas experiencias en metodología y didáctica… están ahí, y sería un desperdicio relegarlas al cajón del olvido.
  • Nuevos problemas exigen nuevas soluciones. La sociedad cambia a un ritmo vertiginoso, y los problemas a los que se enfrenta hoy son muy distintos a los que se encontraban nuestros padres o abuelos. Por tanto, el sistema educativo debería preparar a sus alumnos para enfrentar los nuevos retos, y no para simular situaciones que sólo existen en los libros de texto.
  • Paralelamente, el actual catálogo de profesiones tiene poco que ver con el que existía hace 20 o 30 años, y es posible que tampoco se parezca al de 2030, año en el que los alumnos que hoy se incorporan a la Educación Infantil accederán al mercado de trabajo. Esto significa que estamos preparando a nuestros alumnos para que desempeñen profesiones que, muy posiblemente, no existan dentro de 20 años.
  • Educar no es enseñar, no es llenar simples recipientes (llamados niños) de ingentes cantidades de conocimiento. Es mucho más: es dar herramientas y estrategias, es ofrecer oportunidades, es despertar la curiosidad y animar a usar el ingenio, es acompañar procesos de descubrimiento e investigación. En suma, es lo contrario a lo que se practica en muchas aulas, desgraciadamente.
  • Los procesos que tienen lugar en muchos centros y en muchas aulas SON ABURRIDOS. Sí, desengañémonos, alumnos y profesores se aburren soberanamente en clase.
  • La educación actual intenta homogeneizar contenidos, objetivos y niveles curriculares. Tratamos como iguales a personas completamente diferentes. El descubrimiento de las inteligencias múltiples, llevado a cabo por Howard Gardner y llevado a la práctica en muchas escuelas con gran éxito, nos muestra que cada cual aprende de forma diferente y desarrolla capacidades diferentes. Esto termina de echar por tierra la aspiración de una educación estandarizada, evaluada también de forma estandarizada e igualitaria.
  • El cambio educativo nos llama a la cooperación, al trabajo en equipo, en oposición al individualismo que inunda gran parte del paisaje pedagógico actual. El trabajo compartido enriquece y da mejores frutos, no cabe duda.

¿Más razones? Seguro que tú tienes alguna…